LITURGIA

Domingo 27 de Marzo de 2016

Evangelio Jn 20, 1-9

(O bien: de la Vigilia, Lc 24, 1-12, p. 95)

(En la Misa vespertinas se puede leer Lc 24, 13-35).
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: Él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.
Palabra del Señor.

Comentario

Ser seguidor de Jesús es correr por su amor, como Magdalena y como el discípulo. Es creer en la Resurrección aunque solo veamos signos de muerte, como el sudario y las vendas. Es escudriñar las Escrituras y convencernos del mensaje de toda la Biblia: Dios nos ha creado para darnos, en Cristo, la Vida Eterna.

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